Desmesura formaliza una investigación en torno a los patrones de medida de longitud desde el nacimiento de la sociedad moderna. Un trabajo abiertamente crítico hacia las unidades métricas vigentes que aborda las paradojas y los absurdos de estos consensuados sistemas desde una perspectiva irónica, empleando argumentos de la historiografía científica y de la práctica artística contemporánea.

El impulso en la unificación de las unidades de medida a escala global llegó con la Revolución Francesa, que provocó junto con la aprobación de La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, la creación de nuevos patrones extraídos de la naturaleza. Más concretamente, en lo que se refiere a las unidades de longitud, la medición de un tramo de arco del meridiano de París, que se extiende entre la costa de Dunkerque y la de Barcelona, es la experiencia a partir de la cual se dota de dimensión al metro patrón.

Es también en aquella época cuando se establecen unos nuevos ideales y unas nuevas normas bajo las que paulatinamente se construye la sociedad y la ciencia modernas. La industria y el comercio se desarrollan cambiando el sistema social, y es el proceso de fabricación en cadena el que recoge el yugo del feudalismo. A partir de entonces las revoluciones son industriales y las revueltas populares se transforman en sindicatos. Estas nuevas dinámicas también alteran el propio fundamento del metro, que debe modificarse a causa de los avances introducidos en los instrumentos de medida, para ajustar su tolerancia con la precisión requerida por las máquinas.

Las unidades tradicionales de medida se vuelven proscritas y se convierten en un símbolo de resistencia ante el Sistema Internacional impuesto por todas las naciones del mundo. Lo que antes ya había conseguido el dinero, con las monedas como ejemplo temprano de exitosa unificación por medio de la equivalencia entre el peso y el valor de un pedazo de metal, ahora, tras siglos de progreso, es el sistema capitalista con sus múltiples estrategias normalizadoras el que asegura el funcionamiento y la estabilidad del mercado global, o lo que es lo mismo, del incesante flujo de dinero.